Respetar decisiones

El otro día en clases, mientras estaba profundamente distraída, se me vinieron a la mente algunas ideas para escribir… Entre ellas, saltó el tema de el respeto hacia las decisiones que toman los demás, por ejemplo, cuando deciden suicidarse.

En la vida todos tomamos decisiones, a veces son buenas, a veces son malas, pero siempre (o normalmente) en el momento pensamos que es efectivamente lo mejor, incluso cuando intentamos hacer algo mal, tomamos la mejor decisión para hacer lo que queremos hacer, llegar a donde queremos llegar.

Una buena parte de nuestra vida tomamos decisiones basadas en nuestra familia, por ejemplo, qué carrera estudiar o a qué escuela asistir… Son decisiones más bien formativas, pero tienen una gran relevancia en los otros aspectos de nuestras vidas también. En ese momento (cuando tomamos decisiones por presión sociofamiliar), no mucha gente nos juzga, prácticamente nadie, pues al ser más jóvenes “es lo que se esperaría”, incluso en el caso de padres negligentes en su rol hay ocasiones en los que el entorno de la familia los privilegia por sobre los hijos bajo el único argumento de “es que ellos son tus padres y saben lo que es mejor para ti” o su auxiliar “son adultos, tienen experiencia, ya saben cómo es la vida” (aunque, en mi opinión, uno jamás sabe cómo es la vida, porque en el momento en que uno lo averigua el paradigma del mundo cambia, sobre todo en estos tiempos). Lo pudiera o no ser bastante conveniente, pues te levantas en una posición de comodidad ante la vida, pero a veces dejándote llevar por ello, te olvidas de preguntarte que es lo que tú quieres, lo que es bastante relevante para cuando tienes que tomar decisiones como adulto.

De todas formas, como niño, joven o adulto, uno puede tomar decisiones y en el momento en que estas pudieran no parecerle convenientes al resto, se vuelve un tanto problemático y bastante menos cómodo. Esas decisiones pueden llegar a ser juzgadas, reprochadas e incluso negadas, quitándote tu derecho a elegir o bien, mediante algún tipo de sanción socioemocional.

No estoy pensando en nada en particular cuando escribo esto, nada personal (claramente tengo que mejorar mis notas para cuando tenga ideas). Pero no puedo dejar pasar decisiones que son relevantes y que suelen ser muy controversiales: tu pareja, tu carrera, tu ocupación, tu sexualidad, hijos y tu “vida”. Casi todos se explican por sí mismos, y sabemos que, por ejemplo, es algo extraño que algún problema pueda surgir a partir del “escoger casa” (no niego que pueda ocurrir, pero es mucho menos común y suele ser menos grave), por lo que no detallaré mucho más. Sin embargo, si quiero hacer una aclaración al último tema y explicar a qué me refiero.

Con “vida” me estoy refiriendo específicamente al tema del suicidio. Este es, obviamente, el tema menos conversado de los que nombré, no suele venir acompañado de una larga charla pero si de gran arrepentimiento y culpa por parte de los “afectados”. Morir, es una decisión muy drástica, pero es una opción y uno tiene el derecho a ello. Así como uno puede operarse para no tener más hijos o para cambiarse de sexo, claramente estos también son temas grandes, pero son opciones de vida y uno debiese poder decidir con libertad y sin el miedo de ser juzgados o de que te reprochen o incluso degraden por esa elección. Querer morir es algo tan válido como querer vivir, nadie se pregunta ¿por qué querer vivir? Se asume que la vida es algo bueno, positivo y que, como contra parte, la muerte es algo malo.

Si tu vida es mala, y sufres (independientemente de si es tal vez un momento de oscuridad momentáneo), ¿por qué no buscar opciones? Incluso parece ser que el “hacer algo para cambiar la situación” es algo bueno, entonces, ¿por qué morir, que es una opción, es tan reprochable? Al final cada uno es el único que vive su vida, la gente puede ir y venir, pero el único que siempre va a estar contigo eres tú mismo… So, ¿por qué decidir algo tan importante como tener que soportarte el resto de tu vida, en base a lo que un montón de pasajeros dicen? Los pasajeros de un tren son efímeros, algunos viajarán más que otros, pero jamás se quedarán a vivir ahí y cuando ese tren deba ir a un deshuesadero a morir, les aseguro que ningún pasajero irá con él.

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