El vidrio roto

Estas últimas semanas he tenido de visita (y mañana volverán) a mi hermano de sangre y a su nueva familia (esposa, suegro, etc.), claramente no han sido fáciles para mí, me he descontrolado de muchas formas y creo que las únicas que lamento son mi “dieta” y mi tranquilidad emocional. La primera por razones obvias, volver a ordenarme es mucho más difícil y es trabajo perdido, dos meses a la basura. La segunda, muy vinculada a la primera, por supuesto, lo lamento más por eso y porque ya habiendo comenzado mi última etapa como estudiante de pre-grado se hace importante que esté 200% en esto y no pensando en otras cosas. Tengo algunos otros temas que tocar pero por ahora me centraré en uno que dejé pendiente desde hace unos días y que en su momento significó una marca importante en mi historia familiar.

Ya me da como asco(?) y mucha “lata” hablar del tema, pero quiero sacarlo de mi sistema y dejarlo aquí. Hace poco más de una semana tuve una conversación con mi hermano y su esposa respecto a algunas diferencias en su matrimonio, yo con paciencia y toda mi atención los escuché (porque así soy, dedicada, respetuosa, de buen corazón: una auténtica imbécil), estuve alrededor de 4 horas en eso. Entre tema y tema, historias, quejas, apareció algo, algo que nunca vi antes en él, un rasgo que siempre estuvo ahí y me molestó pero nunca lo vi con claridad, ahora si: mi hermano es el vivo reflejo de mi padre.

Suena poco impactante, pero tras una vida de justificación, victimización y comparaciones con mi madre y mi abuelo (su padre), todos habían entendido y todos teníamos en nuestra cabeza muy claro que él era el “bueno”, era buena persona, inteligente, humilde, atento, para nada egoísta, muy dedicado, buen hijo, respetuoso, generoso, etc.; que mi hermana era la hija menos querida, y más parecida a mi padre: egoísta, conflictiva, de mal carácter, superficial, no-tan-inteligente, más negociante (siempre tratando de sacar beneficio del resto), hasta ladrona, crítica, floja, tacaña y egocéntrica. ¿Y yo? Bueno, yo era la menor, no soy de aquí ni de allá, sólo eso. Pero esta revelación viene a romper el paradigma de la familia completa. Tras toda una vida de victimización y gloria, mostró las garras frente a su esposa, no es ni mejor ni peor que mi padre, el se convirtió en mi padre, alguien que él nunca quiso ser y que en sí mismo el no admira ni aprecia tanto como desearía. Es un cerdo machista, degenerado, egoísta, tacaño, egocéntrico, cínico, por supuesto que no rencoroso (porque él es el que siempre gana, ¿qué rencor tendría?); tal vez no sacó otros rasgos más predominantes, como el mal carácter, pero de igual forma consiguió tener su escencia, esa que lo hizo terminar con el matrimonio de mis padres por su propio egocentrismo y ese que le estancó emocional y creativamente la vida a sus hijos porque si no era lo que él quería no estudiaban y como no-estudiar no era una opción, había que estudiar lo que él quisiera y punto. Se volvió alguien que ve su beneficio y su placer por sobre el del resto, claramente aprendió malas prácticas y poco profesionalismo en otra parte, pero su capricho de ponerse a él por sobre su familia es mucho más fuerte y, me atrevo a decir, lo único que realmente lo impulsa.

Mi madre insiste en verlo como una víctima de su mala esposa, yo creo (y siempre fue así) que él ha vivido demasiado tiempo haciéndose la víctima del hijo sacrificado y buena persona, el ha tenido demasiado y siempre ha contado con el apoyo de todos y que ha tenido más herramientas, apoyo, facilidades y oportunidades que mi hermana y yo juntas; el resto es sólo llanto extra. Yo no creo que sea la víctima, porque tiene casi 31 años, el ya no es víctima de nada, él ha hecho su propia vida, sus decisiones y seguir culpando a mi padre de todo y que los demás a su vez culpen a su esposa de todo lo malo que le pasa, es ridículo. Es un círculo de responsabilidad que no corresponde y que están creando para evitar que el verdadero “culpable” asuma su responsabilidad en cuanto a sus propias decisiones.

Su esposa es culpable en el momento en el que decide quedarse con alguien que en realidad nunca ocultó que era “raro”, “cagao”, etc. como dice ella… Y él es culpable en cuanto decide quedarse con la “mina rica” que está acostumbrada a cierto nivel de comodidad porque en su vida siempre le han dado todo. El es responsable de haberla presionado para casarse en lugar de irse al extranjero solo o de quedarse aquí a seguir con su trabajo, tanto como ella es responsable de haber aceptado aunque no quisiera. Incluso ahora, son responsables, ambos, de quedarse junto a una persona que está en un canal distinto.

Si bien entiendo el sentido protector de cada padre/madre en proteger a sus hijos, creo que debiesen pensar en que ambos son responsables de lo que deciden, de lo que hacen, que ya están bien grandes como para estar argumentando “es que me obligó”, “es que mi dijo que lo hiciera”.

Fue raro ver esta faceta de ambos, porque siempre escuché la parte de mi hermano, quien la pintaba a ella y a su familia como una bruja, no creo que esté mal, pero si creo que él ha hecho cosas que no mencionaba y que son muy relevantes… Eso de verdad hizo un “click” en mi cabeza y en mi espíritu… De pronto vi muy claro el por qué el no me defendía, por qué me traicionaba, por qué mentía, porque desaparecía. Como lo supe desde pequeña, él no era una persona en quien confiar, él es un lobo solitario (con todas las de la ley) y jamás ayudará a nadie a no ser que sea por algo a cambio, pero yo, en mi inocencia y en mi desolación de encontrarme sola en el mundo me arrimé a alguien que parecía ser un aliado cuando nunca lo fue.

Él cree lo que quiere, piensa lo que quiere, dice lo que quiere y hace lo que quiere, puede modificarlo según conveniencia pero al final, nadie más lo sabe sólo él, porque no comparte, no empatiza, no colabora.

Triste me parece que ya sabiéndolo, sigan venerándolo: el rubiecito, blanquito, de ojos pardos, alto y delgado, de buen nombre, buen CV, hablando inglés y con una inteligencia lógico-matemática bastante buena. Chistoso y triste que sigan venerándolo como si fuera un dios, que sigan defendiéndolo y victimizándolo, porque mientras lo ven con todas esas virtudes y autosuficiente, lo siguen haciendo débil cuando lo victimizan.

Al parecer esa es la herramienta de mi familia, “volverte niño”, “volverte débil”, tomarte por la fuerza para acercarse… Porque el amor, el afecto, no es una opción válida, el daño psicológico y el chantaje disfrazado, si.

 

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