Conversaciones

Desde hace varios años ya he estado tratando de auto-instaurarme la política de “conversar los problemas”…

Cuando era pequeña, tenía algunos problemas de ira, no era realmente una ira incontrolable, pero si era agresividad, ahora con distancia presumo era porque era bastante introvertida y me costaba comunicarme con palabras. Por lo que, a cada insulto, comentario o algo que no me gustara o me hiciera sentir de alguna forma, reaccionaba “persiguiendo o golpeando (despacio, pero de todas formas)”. En retrospectiva pienso que la gran mayoría de esos comentarios o apodos o lo que fueran eran simplemente para llamar la atención, incluso con mi mente paranoica y corrompida de adulto no veo la mala intención y de hecho puedo detectar interés en eso. No voy a ponerme a especular sobre si la verdad es que todos (los que lo hacían) me querían o les gustaba o les agradaba y no sabían cómo decirlo; pero el punto es que no había ninguna aparente mala intención detrás. De todas formas, con el tiempo, en mis últimos dos años en colegio mixto, simplemente ya no me sentía cómoda con esa reacción, pero me conocían así y no sabía cómo más reaccionar… (no es como que en mi casa se hablara de eso… o de alguna cosa más que notas y logros académicos o sociales), así que a pesar de tratar de simplemente no reaccionar o reaccionar menos, habían algunas ocasiones que bueno, lo ameritaban o simplemente lo hacía para hacer feliz al resto.

La situación cambió bastante cuando me cambié a un colegio de mujeres, la situación era distinta, no podía perseguir o pegarle a las “niñitas”, so, aproveché de cambiar esa reacción. El problema, fue que me volví aún más introvertida, pasaba los descansos, las horas de clases, cualquier tiempo libre, dibujando o escribiendo y me aislaba de todo y todos. Nunca me agradó mucho mi curso, sólo diré que eran muy “típicas” y eso era aburrido e incómodo. Finalmente, descubrí a una niña que me cayó bien y me hice “amiga” de ella, y bueno, de eso surgió todo un grupo de inadaptadas y “saldos”, con las que funcioné más o menos bien para el colegio, pero no para la vida…

Para ese momento ya sabía que debía desarrollar mi habilidad para conversar las cosas porque callarme no me hacía bien y tampoco solucionaba nada, sin embargo, no podía conversar con ellas, no confiaba en ellas, así que nunca pude. Quedé como “la que se enoja sola”, “la loca” como alguna vez una de ellas me llamó. Me sentí horrible, pasé meses sin hablarle, pero nunca realmente “hablamos” el asunto… Siempre me dio la sensación de que no le interesaba arreglarlo, sólo no quería tenerlo. Así que renuncié a eso, mantuve las relaciones políticamente correctas y luego me alejé.

Cuando comencé la uni traté de hacerlo, pero al principio no se me dio muy bien. Finalmente, tras 2-3 años intentándolo, más o menos lo logré, sigo trabajando en ello, pero creo que ya se me ha hecho una práctica más o menos común, excepto por la gente que conocía desde antes, con ellos simplemente no puedo, cuando trato veo todas las trabas, el desconcierto y de plano el hecho de que me ignoren porque “se supone que yo no hago eso, yo me enojo y se me pasa”, esa es la regla; incluso me pasa con mi familia. Pero por los demás, trato de hacerlo, sobretodo con aquellos que considero más valiosos en mi vida.

¿Por qué hablo de esto? Porque siento que no tengo a nadie con quien hablar, lo mencioné antes y vivo haciéndolo, pero todo este rodeo es para, de alguna forma, darle razón al por qué no puedo hablar con esa gente, la gente de mi pasado no me conoce así, no quiere que sea así, prefiere el silencio, prefiere la distancia y la apariencia, y yo no quiero tener que ser así, no quiero retroceder. Quiero relaciones de verdad, con gente que de verdad esté ahí para mí, es un trabajo duro, no es fácil, lo sé, pero creo que vale la pena, porque soy capaz de entregarme de la misma forma, y me gusta estar ahí para los demás… Y me gusta conversar las cosas, me gusta que, desde ambos lados, seamos capaces de decirnos qué pasa y por qué; me gusta la confianza que eso crea y la fuerza con la que se mantiene el vínculo, la naturalidad de la relación. Yo quiero algo así, y justo ahora, lo necesito.

 

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