Mala suerte

No sé si es tan así, pero al menos es así como lo veo ahora.

Tengo mala suerte, no de esa mala suerte de que me tropiezo o cae una maceta sobre mi cabeza, no no, es otro tipo de mala suerte, es esa mala suerte que es más penetrante más sorda. No actúa directamente ni es tan dramática, pero hace mi vida mucho más agónica.

Verán, cuando alguien tiene mala suerte, todos lo pueden ver, es evidente, porque todo aquél con el que has estado o toda historia que puedas contar, lo verifica sin mayor problema. Pasa algo malo, puedes lloriquear por ello y luego sigues tu vida hasta la próxima vez, como siempre pasa, a tu alrededor lo saben y tienen una manta esperándote, porque a pesar de eso, la vida (y el cine) me han enseñado que por muy mala suerte (general) que uno tenga, uno siempre tiene suerte en algo o existe algo que lo compensa más o menos bien.

Por el contrario, esta suerte “sorda” como la llamo yo (haciendo alusión a un tipo de dolor sordo, el cual sin ser muy intenso, se muestra insidioso o continuo y, generalmente, es difícil de describir o localizar); esta es una mala suerte que nadie ve o percibe como tal, sólo tu la consideras (obviamente, porque tu la vives) y sólo es molesta para ti, los demás o no la ven o no comparten su “intensidad” y suele ser desestimada, ocasionando otra molestia más, incluso a veces peor que la principal: el sentimiento de sentirse ignorado/menospreciado.

[Ahora bien, esta (mala) suerte es esencialmente subjetiva y no espera ser respondida -ni espera serlo- a través de la lógica, suele regirse en base a nuestras propias reglas y debe ser comprendida como tal]

¿A qué viene todo esto?

La semana pasada di un paso que iba a cambiar mi vida (o al menos debiera), fui al médico por algo y me hice unos exámenes. Salieron positivos. Tras semanas de especulación y planes respecto a otras enfermedades, la que realmente tenía resultó ser manejable, amenazante, tremendamente molesta, dolorosa, lenta, incómoda y poco adaptable socialmente. Ya hablé de ella antes, por lo que no entraré en detalles.

¿Cuál es el problema, si es manejable?

Ese es el problema, bueno, uno de ellos. Siempre pensé en que viviría mucho, pero anhelaba una muerte prematura y dramática. Cuando joven mi pensamiento era mucho más fuerte que mi anhelo, pero con el tiempo eso fue cambiando. Yo ya no quiero vivir mucho, es más, morir en 1 o 2 años más suena muy tentador.

Tal vez busco una justificación para vivir como quiera, sin miedo, sin restricciones, sin aprehensiones, me doy un poco de pena… Hablaré de eso más otro día.

Las posibilidades eran básicamente dos: la sorda o la grave. O bien podría ser una que me mataría joven o bien era esta que sólo prolongará mi agonía de una forma -para mi- desagradable y desoladora. Adivinen qué pasó…

Insisto en que yo sé que desde otros puntos de vista esto puede sonar ridículo, y que debería agradecer por la vida y que se yo, pero también hay que conocer los contextos antes de hablar. Yo quería que me fuera mal, porque eso significaba que iban a prestar más atención a mis otros síntomas o que les darían un diagnóstico. Pero no, como ese diagnóstico explica lo más “incómodo de ver socialmente”, hasta ahí llegué, y si quiero saber algo más debo seguir pagándole a médicos para que me ofendan e ignoren mis historiales médicos porque quieren reducirlo todo a mi peso. Antes de eso era al estrés (y a mi peso) y ahora es directamente a mi peso, como si eso fuera ajeno al estrés y como si eso hubiera sido siempre una constante en mi vida.

En el fondo a eso apunta lo de mi mala suerte: no es no tener amigos, es tener malos amigos; no es sólo no tener un diagnóstico importante, sino que ignoran mis síntomas; no es que sea fea, es que tampoco soy bonita ni estoy cerca de ello; no es que sea tonta, pero no soy inteligente. Es tener demasiado poco como para decir que tengo algo, pero demasiado como para decir que no tengo nada. Es la maldición de la clase media.

Esa mala suerte sólo hace mi vida más difícil, más lenta, más aburrida, más agónica, no me mata, no me golpea y me deja inconsciente, sólo me da constantes puntadas que hacen que cada paso sea una tortura y que incluso momentos más agradables sean in-disfrutables.

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