Nostalgia a los aeropuertos

Hace unos días y sobretodo hoy, me salen en inicio las fotografías de una compañera de carrera que viajó en avión al norte. Más allá de lo feliz que se ve y de lo que hizo (que no es de lo que pretendo hablar), esto me trajo muchas emociones, porque los aeropuertos son algo en mi vida y siempre ha sido así.

Recuerdo haber escrito un post así en mi antiguo blog, hablando sobre cómo cuando pequeña/siempre me han dado nostalgia los aeropuertos. Tal vez no todos, tal vez sólo el de mi ciudad, ya no estoy segura…

Desde pequeña fui mucho al aeropuerto, mi padre era el encargado de ir a recibir a sus hermanos que venían de visita desde Canadá, esto, ya que vivíamos bastante cerca de una autopista que conectaba con el aeropuerto (nos tardábamos alrededor de 5 minutos en llegar). Por ende, yo siempre muy curiosa y con ganas de viajar, lo acompañaba. Pero por alguna razón, ir siempre me daba una sensación tan enorme que me costaba describirla y me abstraía muchísimo… Era emoción, nostalgia, ganas de viajar, era de todo y yo me inundaba en esa sensación. Siempre me interesó viajar, desde muy pequeña, recuerdo mi yo de 4 años queriendo viajar con mis hermanos a Canadá, pero como era tan pequeña nadie me lo permitió.

Mi primer viaje en avión fue a las 2-3 años, el hermano de mi madre había invitado a sus hermanos a su casa en el norte para las vacaciones de verano; mi madre, su hermana y yo fuimos en avión, todos los demás se fueron en bus.

A mis 21 años fue mi segundo viaje, ahora si un poco más consciente. La primera escala fue en Guarulhos y finalmente a Heathrow. Fui sola, mis hermanos estaban ya en Londres, así que fue una experiencia bastante especial para mí, tenía mucho miedo, pero estaba muy emocionada, no sabía bien cómo funcionaba absolutamente nada sólo trataba de seguir a la gente. Como nunca he sido muy de andar gritando y “hypeada“, hablando con todo el mundo y contándole toda mi vida y haciendo amigos de aeropuerto, mi viaje fue bastante tranquilo y silencioso, hasta aburrido podrían decir, pero a mi me gustó, porque me ayudó a “digerirlo” (procesarlo) todo mucho mejor, aprendí las cosas por mí misma, y eso además me trajo una gran satisfacción personal. Además, claro, de que tuve la oportunidad de empaparme con todo mi entorno, observé, olí, escuché, viví el momento y la experiencia más allá de los otros, y así lo prefiero yo.

De ahí en adelante todo fueron vuelos y buses a todas partes, entre la emoción y la preocupación se pierde un poco (mucho) la magia que siento cuando voy a un aeropuerto; por ende, no puedo decir mucho más… De todas formas, es fascinante pensar en que ese lugar, en particular, es donde se deciden tantas cosas, ocurren tantas cosas, despedidas, bienvenidas, cambios de vida, cambios de casa, vacaciones, trabajo… Para mi siempre va a ser un lugar mágico.

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