Adicciones o costumbres

Hoy día tenía pensado hablar de otro tema, pero de pronto vino a mi una necesidad de hablar un poco de mi “reciente” “adicción” a la coca cola (ambas palabras van entre comillas debido a que están en veremos, no es tan reciente -llevo un par de años- ni es una adicción propiamente tal).

Todo comenzó cuando yo era una infante de alrededor de 9-10 años. Mi hermana, quien siempre ha tenido la necesidad constante de ser prototipo de belleza (delgada, mucho busto, ridículamente delgada cintura, buen trasero, muy tonificada, alta, etc.) -para lo cual “no salió muy beneficiada” genéticamente (la verdad, es que no es que no lo sea, dentro de todo tuvo mucha suerte, pero para ella -como para muchas- lo que tienen no es suficiente)-; estaba terminando su adolescencia (aunque según yo, justo en medio de ella) y tenía la obsesión por estar delgada. Debido a ello, siempre estaba buscando dietas extrañas, bailes, comidas, en general, formas de conseguir un bajo peso: gelatina, lechuga, vegetarianismo, avena, entre otros, hasta que llegó a la dichosa Coca Cola Light. ¿Qué tengo que ver yo con todo esto? Bueno, que era a mi a la que enviaba a comprar la gaseosa dietética con el dinero del pan; cada día, alrededor de las 3-4pm -cuando abrían la botillería que estaba cerca (y hora a la que sospecho le daban ganas de comer algo dulce)- me pedía, me rogaba y me sobornaba que le fuera a comprar el producto este a cambio de un vaso y nada más que eso. Pasados algunos meses yo me fui resistiendo más porque era muy tacaña y como nuestra relación nunca fue muy sólida también otras cosas fueron volviendo más ásperas las interacciones, por ende, ella comenzó a ir; hasta que, finalmente, tras unos meses, todo cesó. Ella siguió con sus dietas por varios años, hasta probó una que consistía en comerse media manzana al desayuno, medio tomate con una hoja de lechuga la almuerzo, media manzana a la hora del té y el resto del tomate alrededor de las 7pm; como se hará obvio, ella apenas podía levantarse de la cama y estaba de muy muy mal humor (aaah! pero cómo bajó de peso!! y todos la admiraban, ella feliz, pero pudriéndose).

Bueno, tras los años, tal vez aprendido, tal vez a raíz de la misma tierra que nos cultivó yo comencé con los mismos problemas pero de formas menos drásticas y sin querer. Pasaron muchas cosas, he tenido muchísimas subidas y bajadas de peso, pero hay algo que se mantiene constante y es el beber la Coca Cola Light (clásico de mi familia, porque no “engorda”) y yo lo adopté, de todas formas ya la normal no me gusta mucho y la “zero” me gusta aún menos (según yo, parece que le hubieran puesto agua). A día de hoy, incluso ahora mismo, me la bebo, para suplir mi constante necesidad -ansiosa- de comer. Estas cosas siempre se juzgan con “pues bebe agua”, “el agua es mejor y te da la misma sensación”, no, es mentira, si te hace mejor, eso no es para discutirlo, pero no da la misma sensación de saciedad y yo tomo muchísima agua, me encanta, la coca cola sólo la utilizo para suplir momentos más extremos que vienen acompañados de “ganas de comer” no de sed. Por eso no creo que sea adicción, si bien no es sano, tampoco llego a ese extremo; y bueno, de reciente no tiene mucho, sólo lo descubrí recientemente.

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