Parte de uno mismo

Fui a una escuela emblemática (como les llaman aquí). Una escuela llena de historia y de tradiciones. Cada paso que dabas dentro (y fuera) de ese lugar estaba cargado del pasado y de todos los centenares de mujeres (en ese momento niñas y jóvenes adolescentes) que habían transitado ese camino al igual que tu lo haces ahora; y si alguna vez cometías la herejía de olvidarlo, ahí estaba todo el preocupado, robótico e insaciable de tradición “staff” de personas encargados de recordártelo. Frases como: “este es un liceo de señoritas”, “compórtese como una javierina”, “las javierinas , “ustedes fueron privilegiadas”, “están en un colegio emblemático, no se olviden de eso”, “tienen que representar al liceo a donde quiera que vayan”, “ustedes son javierinas no pueden estar haciendo cualquier cosa, menos con el uniforme del liceo”, “por último, si van a hacer tonteras, quítense la corbata y la insignia”, entre otras varias.

Con esto al hombro cada día, por seis años, es muy difícil realmente nunca haberse sentido parte de este lugar (aunque fuera sólo una vez). El uniforme, los colores, esos antiguos muros llenos de capas y capas de pintura, los docentes y para-docentes, el estrés y el egocentrismo que adoptaba el profesorado al exigirnos a un nivel universitario con apenas 12 años. Salimos con todo eso asimilado. Incluso me atrevería a decir que la historia de las mujeres que estuvieron antes de nosotras también era parte nuestra.

Pudiste odiarlo, pudiste amarlo y aún así, al mirar hacia atrás vez con nostalgia esos momentos, que, aunque pudieron ser tus peores momentos, ahora vez con claridad que mal que mal fueron parte de tu vida y agradeces muchas de las cosas que ahí viviste. Fueron seis años de tu vida, en un lugar lejano, lleno de desconocidos, con gran nivel de competitividad, misterios, secretos, historias y lucha, una lucha hasta ahora incesante que han llevado las mujeres por ser reconocidas como ser humano igual.

Hoy escribo esto debido a las recientes noticias que han enmarcado a mi antigua escuela. Estoy orgullosa, me siento nostálgica pero también tengo muchos otros sentimientos mezclados dentro de mí cuando pienso en esto. Lo único que puedo decir con certeza es que no fui nunca inmune a esa historia y hoy, eso forma parte de mi identidad. Tal vez yo no vaya con la insignia en el corazón (ni menos en mi mochila/cartera), pero si está en mí y el hecho de que hoy esté escribiendo esto con mis más sinceras palabras, lo prueba.

 

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